Para comprender la composición de aquellos cuadros que evocan paisajes e interiores, es preciso recordar el concepto que Van Gogh tiene de la naturaleza. Se trata de un ser vivo que entabla una relación activa con el pintor. La aplicación del color es fundamental. Los tonos se convierten en sentimientos. La colocación o la forma de los objetos tampoco es una cuestión arbitraria. Todo está meditado. Cuando Van Gogh realiza un cuadro, su objetivo no se limita a plasmar una imagen en el lienzo, sino que va más allá y llama a los sentidos. Un ejemplo es la descripción que realiza de un ensayo de La habitación de Arles. "El color debe predominar aquí, dando con su simplificación un estilo más grande a las cosas y llegar a sugerir el reposo o el sueño general. En fin, con la vista del cuadro debe descansar la cabeza o más bien la imaginación. Las paredes son de un violeta pálido. El suelo es a cuadros rojos. La madera del lecho y las sillas son de un amarillo de mantequilla fresca; la sábana y las almohadas, limón verde muy claro. La colcha, rojo escarlata. La ventana, verde. El lavabo, anaranjado; la cubeta, azul. Las puertas, lilas. Lo cuadrado de los muebles debe insistir en la expresión del reposo inquebrantable. Los retratos en la pared, un espejo, una botella y algunos vestidos." En esta obra los elementos que aparecen no son algo casual. Son el resultado de un profundo estudio. Partiendo de un concepto inicial -el reposo- el pintor se encarga de que todo quede integrado dentro de una perfecta armonía. Sin embargo, la sensación que experimenta el espectador ante este lienzo suele ser paradójicamente la contraria a la buscada por el pintor. Su perspectiva produce vértigo.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados